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domingo, 16 de marzo de 2014

***De capas, condesas y aristocracias New Age***

La capa. Prenda que ya ha sido protagonista de uno de los post hace unos meses (aquí). Protagonista muy especial porque en aquel cuento de caperucitas modernas contaba una parte de la historia de la firma de capas con más solera en la faz de la tierra: Capas Seseña. Una casa con centenaria tradición, miles de capas vendidas y un gran futuro que ya están labrando devolviendo la capa al Olimpo de las tendencias.

Paraíso de las tendencias by La Condesa
 

Hace unas semanas, en ese mismo marco frívolo pero divertido de los desfiles de febrero, pude estar en una pasarela muy especial: la que mostraba la preciosa unión que ha hecho Marcos de Capas Seseña con La Condesa, Marina Conde: una joven diseñadora que se trae entre hilos y agujas unas brillantes colecciones de chaquetas que han roto muchos esquemas de la `aristocracia textil´(para bien).  
Una de las creaciones de La Condesa que más me gustan. Ícarus.
La Condesa y Capas Seseña se unieron en un sí quiero único dando como fruto de esta relación de un clásico con solera y una joven dinámica tres preciosos retoños.

Una de las capas. Con sneakers.

La colección cápsula entreteje dos tipos de sastrería teóricamente lejanas, pero muy próximas y mágicas en la cercanía. Tal como ya había confesado hablando de la magia de un vuelo de la capa, también en esta ocasión huele a atemporalidad: la capa sigue siendo para mí un básico en el que invertir.
 
Con un toque de uniformes New Age, tan típico de La Condesa, la capa rejuvenece y encuentra nuevos matices. Ya no es solo la orgullosa prenda con solera, el contexto le da un toque roquero y la aterriza en la modernidad concebida como el templo urbano.
 
Me encanta este maravilloso capeo del siglo XXI. Porque la capa es – que no les quepa duda ninguna – una prenda de tendencia.  
 
Larga vida a las capas. Made in Spain.
 

domingo, 17 de noviembre de 2013

*** Slow Fashion: el exquisito dramatismo de una capa ***

Hace relativamente poco estuve en unas jornadas de moda en las que una de las mesas de debate se centró intensamente en el lujo made in Spain. Una de las conclusiones más importantes fue la reivindicación de la artesanía y del oficio, ambos valores en peligrosa extinción en España, cada vez más rendida al culto de la fast fashion. Uno de los datos que más me llamaron la atención fue el de la extinción de los abanicos. Loewe comentó que en Valencia solo queda un artesano de este complemento tan bello y tan español.

El valor de lo artesano

Llevo tiempo pensando en el binomio fast fashion-slow fashion. España es cada vez más un país de speedy-to-wear, tendencia en la que por razones primordialmente económicas caemos todos. Pero. Porque hay un pero. Qué pasa con slow fashion, ese placer de moda más allá de los modos que nos brinda piezas que perduran y que son una inversión? Qué ocurre con ese valor artesano y cultural de las prendas que más allá de adornar expresan una personalidad – a ser posible la nuestra propia- y que pueden permanecer en el armario a pesar de la tiranía de las tendencias? Aquí la moda no tiene sexo, hablo de la moda como el arte del vestir a todos los niveles.
La capa: el slow fashion exquisito
Gracias a una maravilla llamada serendipia he tenido la gran suerte de colarme entre los vuelos de una capa. Una capa española, para ser precisos. Porque la capa es una prenda muy de España. Y no me ha podido emocionar más ese viaje casi secreto porque es donde he encontrado el sentido de la artesanía de la que hablaban en esa mesa lujosa hace casi un mes.

 
Capas Seseña, escondida en el Madrid más castizo (calle de la Cruz 23, Madrid) y recorrido clásico de sastrerías de época, lleva más de un centenar de años cortando patrones a partir de románticos metros de paño de lana y confeccionando la prenda más inquieta de la moda: la capa. La capa es sinónimo de la elegancia del movimiento, envuelve, viste, estiliza, dramatiza y un sinfín de atributos más.
 
 

 

Fellini, Picasso, Mastroianni, Deneuve, Fonda son algunos de los nombres que ingresaron en el club de la capa Seseña. Un club selecto precisamente por estos tintes de la intelligence que supo apreciar el sabor exquisito del vuelo de una capa hecha con amor artesano.

La capa y el arte: Pablo Picasso fue un gran amante de la capa Seseña.
Hoy la capa es una prenda – aún dramática en su expresión- que ha bajado a la calle. Si Loewe rescató el mantón de manila, Capas Seseña nunca ha dejado de seguir creyendo en la magia de la capa. Democratización y sed de aterrizar los patrones más exclusivos a la gran pasarela de la moda: las ciudades. La capa de los Seseña pasea por las urbes y diversifica su clientela: es bonito este logro de hacer permanecer el sentir de una prenda con tanta historia.
 
El encuentro del club de amigos de la capa versus Sartorialist y su 25 Lunch en Florencia. El estilo gentleman como denominador común.
He visto capas en las calles de París, en las de Nueva York, en las de Roma y Florencia. La capa y la ciudad es una estampa cada vez más frecuente. Y yo me sumo a este movimiento capero como una caperucita moderna. Con una capa Seseña, por supuesto. Vayan a colarse bajo los vuelos de una capa: www.sesena.com (Facebook: Facebook.com/sesenacapas y twitter: @capas_sesena ).